Agua en el planeta

A primera vista, parecería tratarse de un recurso completamente disponible. Sin embargo, es necesario comprender que no toda el agua es adecuada para el consumo humano. Sólo el 0,8% de su volumen es aprovechable por los seres humanos.

Los mares y océanos contienen el 97,4% del total del agua en el planeta. Si bien constituye un hábitat que acoge gran parte de la diversidad biológica del planeta, el agua de mar requiere de un complejo y costoso proceso, la desalinización, para que sea apta para el consumo humano. Esta tecnología, aún incipiente, puede representar una gran inversión para el futuro, pero que en el corto plazo no será un proceso generalizado.

Hoy, el agua que puede beber el hombre proviene de las reservas naturales de agua dulce (como los lagos, ríos y lagunas), las reservas artificiales (diques y azudes) y los acuíferos subterráneos. El agua dulce deber ser tratada además mediante un proceso de potabilización adecuado, de modo tal de asegurar que su consumo no perjudique a la salud.

Pero la cantidad de agua disponible para consumo humano está en disminución. La creciente escasez de aguas limpias en un mundo cada vez más habitado plantea uno de los problemas más graves que debe enfrentar la humanidad en el tercer milenio. El principal problema, la contaminación, produce que cada vez sea menor la disponibilidad de agua dulce susceptible de ser potabilizada para consumo humano.

El agua es un recurso esencial para la supervivencia de los seres humanos y para la existencia de cualquier tipo de vida en el planeta. Configura además un elemento vital para el equilibrio biológico mundial.

EL FUTURO DEPENDE DE CÓMO USEMOS EL AGUA EN LAS PRÓXIMAS DÉCADAS

La escasez generalizada de agua dulce, su destrucción gradual y su creciente contaminación, así como la implantación progresiva de actividades incompatibles en muchas regiones del mundo, exigen una planificación y una ordenación integradas de los recursos hídricos. Esa integración ha de abarcar todos los tipos de masas interrelacionadas de agua dulce, tanto las aguas superficiales como las subterráneas y ha de tener debidamente en cuenta los aspectos de la cantidad y calidad del recurso.

El problema del agua debe abordarse desde un enfoque integrado vinculando la ordenación del uso de la tierra con la ordenación sostenible del agua, reconociéndolo como un bien económico y fomentando intervenciones efectivas y coordinadas.

Debe reconocerse el carácter multisectorial del aprovechamiento de los recursos hídricos en el contexto del desarrollo socioeconómico, así como la utilización de esos recursos para fines múltiples, como el abastecimiento de agua y el saneamiento, la agricultura, la industria, el desarrollo urbano, la generación de energía hidroeléctrica y otras actividades. Los sistemas racionales de utilización del agua para el aprovechamiento de las fuentes de suministro deben estar apoyados por medidas encaminadas a conservar el agua y reducir al mínimo su derroche.

ASEGURAR EL ACCESO AL AGUA LIMPIA RESPETANDO EL MEDIO AMBIENTE

Recientemente, la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, reunida en Johannesburgo en setiembre de 2002, acogió el compromiso de todos los países del mundo para trabajar en pos del uso racional del agua:

“Convenimos en que el agua es esencial para la vida. Es el recurso clave para la buena salud, para el riego de los cultivos, para la obtención de energía eléctrica y para la protección de los ecosistemas. En vista del acelerado ritmo de urbanización, y de la necesidad de los habitantes de las zonas rurales, el suministro de agua y saneamiento adecuados son fundamentales para alcanzar el objetivo del desarrollo sostenible”.

Asimismo, se asumió mundialmente el compromiso de reducir a la mitad la cantidad de personas que no tienen acceso a agua potable hacia el año 2015.

Los expertos y líderes mundiales instan a la comunidad internacional a invertir más en proyectos y tecnología del agua para que se cumpla el objetivo general de otorgar un suministro suficiente y de buena calidad a toda la población del planeta. Para cumplir con este objetivo es necesario además preservar las funciones hidrológicas, biológicas y químicas de los ecosistemas, adaptando las actividades humanas a los límites de la capacidad de la naturaleza y combatiendo los vectores de las enfermedades relacionadas con el agua. Es preciso contar con tecnologías innovadoras, entre ellas las tecnologías locales mejoradas para aprovechar plenamente los recursos hídricos limitados y protegerlos contra la contaminación.